Mañana
Anoche soñé contigo, Anita. Estabas sentada donde siempre y flores de futuro humedecidas de lágrimas descansaban en tu mesa. Sonreías sin sonreír y mirabas sin comprender. Quise decirte que no te olvidaras de llevarte la alegría que alguna vez encontraste en un libro, en un paisaje, en un niño. Pero no pude; en realidad ya no estabas ahí.
